Para empezar, una sensación que transmito en la charla con Julio Ponce Marín y Mayra Ortiz en Qué está pasando en el podcasting: el evento cada vez se expande más hacia otros sectores, otros públicos, diluyendo en gran medida esa sensación de «encuentro de la industria» (se echaron de menos los cafés entre charlas para ponerte al día o acercarte a quien admiras).
Por una parte, se siente que la industria va hacia esa transversalidad cada vez mayor y que esto acerca el podcast a todos los sectores culturales y mediáticos, lo cual es fantástico; por otra parte, iniciativas como la Academia del Audio resultan imprescindibles para terminar de darle forma (¿?), reclamar (¿?) esa identidad propia como industria cultural y no sentirnos solos ni parte del paisaje de otros sectores, como comentaban sus promotores.
Luego están los grandes éxitos de cada festi de podcast: vídeo, monetización, comunidad. Comparto ese esguince mental de oír la expresión «espectadores del audio» que se propone desde YouTube y que también recogió Andrea Morán Ferrés en su newsletter, además de reforzar esa asociación con la comunidad y las redes sociales mediante la sustitución de «oyentes» por «seguidores». Una asociación con la marca personal (que cada vez se refuerza más, apoyándose en el vídeo) de la que también habló Luis Miguel Pedrero Esteban con su estatus sobre el proyecto ESCUCHAD.es (aunque siempre está el riesgo de que te quedes en influencer con tus seguidores en redes y no vayan a escuchar realmente tu podcast si no tienes una estrategia clara).

En sus predicciones sobre lo que pasará en los próximos dos años en el podcast, desde YouTube Cristina Delgado Estepa señaló el «fin de la barrera del idioma» gracias al doblaje automático e incluso a la clonación de los gestos faciales (algo que tengo desactivado en mi perfil ya que para mí la identificación de mi podcast con mi propia voz y de mi voz con mi cara es una línea roja, pero que podría valorar para una entrevista en inglés que voy a grabar y no sé cómo mostrar a mis oyentes/seguidores/espectadores en español); en Spotify Edu Alonso se refirió a la tendencia cada vez mayor hacia la hiperpersonalización (algo que se siente muy cómodo pero que nos hace encerrarnos en nuestra madriguera, no «salir ahí afuera» a descubrir y conectar con lo desconocido y lo peor, reduce cada vez más la diversidad); desde iVoox podcast & radio Juan Ignacio Solera se refirió al poder de la prescripción (en la que creo firmemente y el boom de las newsletters prescriptoras de contenido confirma como tendencia indie frente a la uniformidad); Megan Davies de Acast se refirió a la cada vez mayor integración para garantizar un ecosistema abierto (algo que en la mesa de monetización también se destacó como forma de proteger el ADN abierto y rebelde del podcast), dado que a la persona al otro lado lo que le gusta es lo que le cuentas, «el contenido», y le da igual formato y plataforma porque te seguirá allá donde le muestres calidad e identificación (concuerdo y lo estoy comprobando); y Jorge Ramos Podimo habló de «trabajar» la comunidad, en especial mediante directos de podcast, una tendencia al alza que comparto como extensión orgánica dado el propio espíritu de encuentro íntimo, confesional, del podcast.
¿Se puede vivir del podcast? Emma Entrena y Silvia Ortiz Cano de Terrores Nocturnos están a nada de poder y ven un gran crecimiento en la inversión, pero recuerdan que el audio va primero: el vídeo y las redes sociales deben acompañar, no pisar al podcast, y la publicidad debe funcionar sin imagen. También quisieron recalcar la idea de que ser podcaster es una profesión, no es ya un hobby, no es «creación de contenido» y los anunciantes también deben comprender al propio medio – gracias por esto!
Con Maxi Guerra de Gastropolítica aprendimos el valor del NO a la hora de darle forma a tu podcast: no hay fórmulas para todos, no hay que hacer aquello que otros te han dicho «que funciona», especialmente cuando va en contra del alma del proyecto. De la mano de Florencia González Guerra García y su Buena Pregunta, seguimos el «incidente Ayuso» en México y comprobamos el valor del podcast a la hora de tomarle el pulso de forma ágil, abierta al mundo y con la riqueza de incluir todas las voces, a la vida que se desarrolla sin pausa.
No tuve ocasión de asistir a más mesas ni lives por lo que mi crónica acaba aquí, pero fue un placer coincidir de nuevo con tantas compañeras/os y comprobar el intenso momento que vive este medio que tanto engancha!




